Transcripción de la charla TEDx

Discusiones todos los días. Platos rotos en el piso. El olor a alcohol y a sangre en cada rincón de la casa. Así era el violento hogar donde crecí.

A los 8 años ya me cuidaba yo misma y a mis dos hermanas, desde asegurarme de que comiéramos, hiciéramos nuestras tareas de la escuela o de cerrar la puerta para evitar escuchar los gritos aterradores que venían de los otros cuartos de la casa. Toda mi niñez, mi propósito era sobrevivir cada día y para esto necesitaba estar callada. No quejarme, y fingir que todo este caos era normal.

Hogar de la infancia

Pero yo sabía que no, porque en la escuela yo sentía la libertad de jugar en el recreo, hacer amigos, reír, participar en actividades artísticas, en fin, ser líder…y sobresalir.

Ese ambiente me inspiró el deseo de emprender, de pautarme metas, de sembrar logros. Eso me hacía sentir orgullosa y capaz, y aumentaba en mí la motivación de siempre hacer más.

Cursando el último año de secundaria, con manos temblorosas y el corazón acelerado, recibí la carta de admisión a la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.

Entre muchos retos, cargaba con el peso de ayudar a mi familia a sobrevivir económicamente. Hice malabarismos. Con trabajos de medio tiempo, conseguí becas y estudié durante muchas noches en vela.

Ser la primera generación en graduarse de la universidad en mi familia, mi carrera me daba mucha satisfacción y cada logro era mayor que el anterior.

A los 24 años, ya era una ejecutiva graduada y había terminado mi maestría, estaba completamente sumergida en la productividad, en los títulos. Pero ser lo que los otros esperaban no me trajo plenitud o el sentir de realización que yo tanto deseaba.

Un día, trabajando en mi segundo año como profesora catedrática de la división Técnica IBC en la universidad nacional de Puerto Rico, mi supervisora me comunicó que yo había sobrepasado todas las expectativas y que mis iniciativas académicas serán implementadas en los demás campus, que recibiría la copa de retención estudiantil, primer lugar entre 56 programas académicos.

Se suponía que yo estaría en la cima del mundo, ¿verdad? Pero en vez de sentirme plena, me sentí vacía. Me di cuenta que estaba cimentando en mi vida una identidad prestada. Eso me llevó a enfrentarme con una pregunta que había evitado por años: ¿Quién soy yo sin todo eso? Yo no sabía quién era cuando cesaban los halagos y reconocimientos.

Y ahí comenzó el cambio - el primer pilar, la autoconciencia. Empecé a reflexionar, a usar devocionales y otras herramientas para mirar hacia adentro, para internalizar. Descubrí que mi propósito no era acumular logros, era usar mis vivencias para enseñar, conectar y transformar. Que mi don no era hacerlo todo perfecto, sino ver posibilidades donde otros veían callejones sin salida. Y que la compasión, la empatía y la fe eran más que valores esenciales: eran los cimientos invisibles que me daban fuerza y me recordaban quién realmente soy. Ese proceso interno no fue ni un poco cómodo. Pero me dio algo que nunca antes había sentido con tanta certeza: valentía.

Entonces en el año 2017, empaco mi vida en maletas. Me mudo de Puerto Rico a Texas. Dejé atrás familia, costumbres…todo lo que conocía. Lo hice con el corazón lleno de propósito y una frase impregnada en mi mente: “Estoy lista para conquistar el mundo.” Ya no venía a demostrar nada. Venía con la certeza de que podía con cualquier reto.

Desafío cultural en Texas

Pero…me encontré con algo que no esperaba: Un crisol de culturas y diferencias. Una mezcla intensa. De idiomas, culturas, costumbres, generaciones. Todo era diferente. Todo me exigía adaptarme. Y aunque yo venía decidida a darlo todo…algo me chocó. No era suficiente saber quién era. También tenía que aprender a traducir lo que sentía en ese nuevo entorno, mientras enfrentaba retos completamente ajenos

Ahí descubrí el segundo pilar…la regulación emocional. Que se define como la capacidad de reconocer lo que sentimos, y aún así, elegir cómo responder, cómo actuar, qué decisiones tomar. Que no se trata de suprimir, sino de canalizar lo que sentimos con propósito.

La regulación emocional me enseñó que en el espacio entre el impulso y la acción, hay poder. Que no todo lo que siento merece respuesta inmediata. Y que la pausa también es sabiduría. Que en esa pausa, respiremos y preguntémonos: "¿Desde dónde respondo? ¿Desde la herida…o desde mi intención?"

Estos dos pilares son el fundamento de un recurso que todos tenemos, pero que crecemos sin que nos enseñen a usar: la inteligencia emocional. El conocimiento y práctica de esa fuerza interna que te permite tener autocontrol y relacionarte con los demás desde la empatía.

La autoconciencia es nuestro punto de partida. Nos ayuda a identificar lo que nos impulsa y lo que nos limita. A ver nuestras historias no como una vergüenza, sino como una raíz de posibilidades. A tener muy clara nuestra identidad y tomar la posición de impacto positivo. La regulación emocional por otro lado, nos enseña a ver cómo nuestras emociones nos sirven de brújula, a pausar en los momentos más inciertos, a reflexionar antes de actuar, y tener la fuerza para sobrellevar las más retantes situaciones de manera clara y en paz. Por medio de ella, creamos relaciones más sanas, tomamos decisiones más claras y empezamos a tener un efecto transformativo para bien en nuestras interacciones y nuestro entorno.

Hoy, la niña que creció entre caos difunde en certeza un mensaje de fortaleza con su voz. No porque cesaron los desafíos, sino porque por fin reconozco quién soy. Y desde ahí, construyo, elijo, avanzo.

Como madre de familia, como esposa y como emprendedora. Por eso, te invito a que recibas en tu corazón esta enseñanza: Primero, identidad: saber quién eres. Luego, regulación emocional: actuar desde quien eres. No eres lo que te pasó. Eres lo que decides construir pese a ello. Descubrirte para realizarte. Diseñarte aunque nadie te haya enseñado cómo. La vida que deseas no se encuentra, se construye.

No desde el pasado. No desde la herida. Desarrollando tu inteligencia emocional.

Tu voz también merece espacio, porque cuando usas tu voz desde el ser, no desde el deber, no solo te liberas y vives tu propósito…también invitas a otros a hacer lo mismo.

BIO

Alinnette Casiano es oradora de TEDx, autora bestseller y fundadora de Growing Your EQ™, donde ayuda a los profesionales a liderar con claridad, adaptabilidad e inteligencia emocional. Estratega de liderazgo bilingüe y candidata a doctorado, es conocida por marcos como NeuroSCALE™, H.E.A.R.T.™ y Leading Beyond Prompts™, que combinan neurociencia, narración de historias y pensamiento sistémico. Su trabajo incluye colaboraciones con marcas como Notion, Synthesia y Amazon, y su liderazgo intelectual ha aparecido en CBS, ABC, NBC, FOX y The CW.